Memorias del fuego II - Eduardo Galeano
Reseña:
En dos ocasiones Eduardo Galeano obtuvo el premio Casa de las Américas: (en 1975 y en 1978) y su trilogía Memorias del Fuego conformada por: "Los nacimientos" (1982), "Las caras y las máscaras" (1984) y "El siglo del viento" (1986) fue premiada por el Ministerio de Cultura del Uruguay.
En 1989 la misma trilogía recibió el American Book Award, distinción que otorga la Washington University, USA.
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Citas:
"La Casa Blanca será la casa de Obama pronto, pero esa Casa Blanca fue construida por esclavos negros. Y me gustaría y espero que él nunca lo olvide". Eduardo Galeano
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Las caras y las máscaras
13 de septiembre de 1847
Ciudad de México
La conquista
—México centellea ante nuestros ojos —se había deslumbrado el presidente Adams, al despuntar el siglo.
Al primer mordiscón, México perdió Texas.
Ahora los Estados Unidos tienen todo México en el plato.
El general Santa Anna, sabio en retiradas, huye hacia el sur, dejando un reguero de espadas y cadáveres en las zanjas. De derrota en derrota, retrocede su ejército de soldados sangrantes, mal comidos, jamás pagados, y junto a ellos los antiguos cañones arrastrados por mulas, y tras ellos la caravana de mujeres que cargan en canastas hijos, harapos y tortillas. El ejército del general Santa Anna, con más oficiales que soldados, sólo es eficaz para matar compatriotas pobres.
En el castillo de Chapultepec, los cadetes mexicanos, casi niños, no se rinden. Resisten el bombardeo con una obstinación que no viene de la esperanza. Sobre sus cuerpos se desploman las piedras. Entre las piedras, los vencedores clavan la bandera de las barras y las estrellas, que se eleva, desde el humo, sobre el vasto valle.
Los conquistadores entran en la capital. La ciudad de México: ocho ingenieros, dos mil frailes, dos mil quinientos abogados, veinte mil mendigos.
El pueblo, encogido, gruñe. Desde las azoteas, llueven piedras.
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18 de mayo de 1895
Niquinohomo
Se llamará Sandino
A las puertas de esta casa de adobe se juntan las gentes, atraídas por el llanto.
Como arañas volteada mueve brazos y piernas el recién nacido. No vienen desde lejos los reyes magos para darle la bienvenida, pero le dejan regalos un labrador, un carpintero y una vivandera que pasa camino del mercado.
La comadrona ofrece agüita de alhucemas a la madre y al niño una pizca de miel, que es su primer sabor del mundo.
Después, la comadrona entierra la placenta, que tan raíz parece, en un rincón del huerto. La entierra en buen lugar, donde da fuerte el sol, para que se haga tierra se hará tierra aquí en Niquinohomo.
Dentro de algunos años, también tierra se hará, tierra alzada de toda Nicaragua, el niño que acaba de salir de esta placenta.
Jorge